viernes, 20 de mayo de 2016

El Infinito, lo eterno y más allá

Sobre el Infinito, lo eterno y más allá

Sólo es posible caracterizarlo mediante un abordaje negativo. Para comenzar, esto es algo que resulta aplicable al mismo término “infinito” –que solo afirma que su objeto no es finito- y muchas otras cosas de las cualidades que se le atribuyen, como la incondicionalidad, la inefabilidad y la inmutabilidad. El hinduismo, por ejemplo, define al infinito como nir-guna (que quiere decir carente de atributos). El budismo por su parte, sostiene que es nir-vana (es decir, sin rastro, como el fuego que se acaba al consumirse el combustible) y sunyata (la vacuidad). Para el Taoísmo, se trata del Tao que no puede ser expresado, mientras que para el Judaísmo, es en-sof (lo no-finito). Así pues, no hay modo de definir el infinito en términos positivos porque cualquier definición supone una comparación que vincula o distingue lo definido a otra cosa. En el primer caso no hay término posible de comparación, puesto que el infinito lo incluye todo y, en el último, nos hallamos ante una negación que define al objeto sobre la base de aquello que no es.

También hay quienes admiten que, si bien el hecho de que nos resulte imposible concebir algo no constituye prueba alguna de su inexistencia, resulta, en caso, de existir, completamente irrelevante para todo propósito práctico. Pero que la realidad última exceda el alcance de nuestras facultades habituales y no pueda ser aprehendida por las mentes que insisten en sus derechos absolutos de posesión, no significa que la realidad última no mantenga contacto alguno con el mundo que habitamos o con el ego humano en su totalidad. Es sólo la causa de que centramos todos nuestros intereses en lo concreto –que, por ser tal, es forzosamente parcial y efímero- que no nos preocupamos por lo que es total y eterno y que, en consecuencia, trasciende toda concreción. No hay, pues, modo alguno de eludir la totalidad. La creencia, inherente al ser humano, de que todo cuánto existe y todo lo que sucede posee un significado, se deriva, en última instancia, del hecho de que lo Último –o el infinito, como lo estamos denominando- es omnipresente. 


La verdad olvidad: De Huston Smith
El punto crítico en la vida se alcanza cuándo el éxito y el placer estas cosas pierden su encanto original y uno se encuentra deseando que la vida tuviese más que ofrecer. ……..El placer, el éxito y el deber nunca son objetivos finales de la humanidad. En el mejor de los casos, son medios que suponemos que nos llevarán en la dirección de lo que en verdad queremos. Lo que realmente deseamos son cosas que se encuentran en un nivel más profundo.
En primer lugar, queremos ser. Todos queremos ser antes de no ser; por regla general, nadie quiere morir. …….
En segundo lugar, queremos saber…….
Lo que los seres humanos buscan en tercer lugar es la dicha, un tipo de sentimiento que es lo opuesto a la frustración, la futilidad y el aburrimiento.
Estas son las cosas que los seres humanos quieren de verdad. Pero, si hemos de completar la respuesta..., deberíamos añadir que las quieren de forma infinita………….Ante la mención de cualquier bien podemos imaginarnos más y, así, imaginándolos, deseamos más. La ciencia médica ha duplicado la expectativa de vida, pero ¿vivir el doble ha preparado mejor a la gente para morir? Para expresar toda la verdad debemos decir que lo que de veras quiere el ser humano es tener un ser infinito, un conocimiento infinito y una dicha infinita. Es posible que tenga que conformarse con menos, pero eso es lo que realmente desea. Para reunirlos en una sola palabra, lo que desea de verdad es la liberación, liberación de la finitud que nos impide ser, saber y sentir la dicha que deseamos de corazón sin limitación alguna.
Placer, éxito, cumplimiento responsable del deber y liberación. Con ellos hemos completado el círculo de lo que la gente cree desear y lo que realmente desea. Esto nos devuelve a la sorprendente conclusión con que se inició nuestro análisis... Lo que puede tener la gente de aquello que más desea. El ser infinito, el conocimiento infinito y la dicha infinta están a su alcance. Pero, aún así, la declaración más asombrosa está por venir.... no solo estos bienes se encuentran al alcance del ser humano, sino que ya los posee.
Porque, ¿qué es el ser humano? ¿Un cuerpo? Por cierto, pero ¿nada más? ¿Una personalidad integrada por la mente, recuerdos e inclinaciones que emanan de una trayectoria única de experiencias vitales? Esto también, pero ¿nada más? Hay quién dice que no, pero algunas tradiciones no estan de acuerdo con eso. Subyacente en la mentalidad humana, y dándole vida, hay un acopio de ser que nunca muere, nunca se agota y es ilimitado en cuanto a consciencia y dicha. Este centro infinito de cada vida, este ser oculto, no es otra cosa que la divinidad.
Pero si esto es cierto y nuestro ser es de veras infinito ¿porqué no se manifiesta esta condición? ¿Por qué no actuamos en consecuencia? “ No me siento particularmente ilimitado hoy” puede observar uno. “ Y mi vecino…., no he notado que la conducta de mi vecino sea precisamente divina”. ¿cómo puede sostenerse esta hipótesis ante la evidencia que trae el periódico de la mañana?
La respuesta,,,, se encuentra en las profundidades donde se halla enterrado el Eterno, bajo una masa casi impenetrable de distracciones, falsos supuestos e instintos de egocentrismo que componen nuestro ser superficial. Una lámpara puede tener tanto polvo y suciedad que su luz se oscurezca por completo. El problema que la vida plantea al ser humano es la eliminación de la escoria de su ser, para que su centro infinito brille en toda su intensidad.


Así como el sol no tiembla, aunque su imagen tiembla cuando se agita una taza llena de agua en la cual se refleja la luz solar, tampoco afecta el dolor al señor, aunque sienta dolor esa parte de él que se llama alma individual 
Las religiones del mundo: De Huston Smith


Dios, con su amor y su dicha ilimitados, está presente en todas partes; pero no puede visitarte, a menos que no estés allí. Angelus Silesius



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